He aquí los sueños, las obsesiones y fragmentos de la vida de un ser solitario, de un enano neurótico, que sufre ataques de enajenación. Miguel, el enano, es lo que Colin Wilson llama un "desplazado" y en este sentido es uno más de la larga serie de personajes marginales de la literatura del siglo xx. Su inmensa soledad se agrava por la repulsa de que es objeto y por la que él siente hacia los demás. En sus sueños se entremezclan constantemente lo real y lo onírico. Miguel, nacido en el seno de una familia con tradiciones profundamente arraigadas, iba camino de ser un niño normal y bien dotado. Pero, preso de ataques epilépticos y de alucinaciones, que originan la pérdida de sus facultades mentales, Miguel es internado. Este libro, o diario de un enano, es la historia del descenso hacia la demencia. Se podría decir que es, también, la imagen del mundo visto por los ojos de un loco; la búsqueda de la verdad desnuda, a través de una mente totalmente desequilibrada. Esta visión del mundo es, al principio, bastante real y a ratos algo caricaturizada, con cierta tendencia, siempre, escatológica. Los objetos juegan, naturalmente, un papel muy importante en la provocación y desarrollo de las alucinaciones. Otros sujetos determinantes son las mujeres: la sirvienta, la compañera de estudios, las dos mujeres que acogen al enano en su casa, en la que reina un denso clima de pesadilla. Y, en fin, otro enano: Aquilino, de ascendencia más modesta que Miguel. Las andanzas de ambos se confunden tanto que en momento alguno se podría afirmar, rotundamente, que el enano Aquilino, existe. En esta novela, donde lo real y lo imaginario se funden constantemente, más bien se diría que Aquilino no es sino la sombra de Miguel, es decir: su doble.