Los dos cuentos contenidos en este libro, La fiesta de la primavera y El príncipe de un reino diminuto, no son solo para niños, sino también para los adultos que conservan en su interior un alma de infantes, sin menoscabo de sus experiencias vitales. Es por ello que admiten múltiples lecturas, sobre todo El príncipe de un reino diminuto, según la sensibilidad y el estar atento a los detalles del lector. En la vorágine de este mundo no es mal plan detenerse, leer estos cuentos en voz alta junto a la familia, o en voz muy queda: son reconfortantes, como el sabor de un vino añejo, y dejan en el alma la dulzura de lo amable, de lo positivo, del amor y de los valores humanos: un bálsamo para la soledad, deseada o no.