Estos relatos se han cocido a fuego lento, envueltos por el aroma de aquellas sinagogas de la cultura popular, los bares. A sus setenta y siete años, nuestro personaje se ve obligado a ingresar en una residencia para la tercera edad. En sus dos primeros meses, ha sentido la necesidad casi urgente de mirar atrás, de recorrer con calma los rostros y las voces de vecinos, conocidos, desconocidos y amigos que un día cruzaron la puerta del humilde negocio familiar, situado en la planta baja de su hogar; aquel bar que abrió sus puertas en 1955, cuando sus padres se atrevieron a soñar con un futuro mejor. Años después, le confiaron la gestión del negocio, o, mejor dicho, le obligaron a ello, pues no había otra manera de prosperar ni de seguir adelante. Toda una vida dedicada en cuerpo y alma a atender a los clientes, casi siempre con más pena que gloria, acomodado detrás del mostrador, viendo pasar la vida entre cafés, conversaciones y despedidas. Estos relatos nacen como un humilde y sincero homenaje a todos esos personajes , algunos anónimos y otros imposibles de olvidar, que dejaron su huella en el corazón del narrador y cuyo recuerdo se ha convertido en un pequeño elixir contra el olvido, guardado en su gastada memoria, aunque todavía obstinadamente viva. Cada una de estas historias ha sido escrita al lado de uno de los productos estrella de su añorado bar, el café, cuyo aroma le ha evocado a desquebrajar la esencia de cada frase.