Se ha abierto el telón, una vez más. Creativa salmodia constante, invitación eterna a la fiesta. Ceremonia y rito. Frente al público, voz y movimiento. Las tablas como un puente abierto de comunicación y reflexión, un camino que se recorre en ambos sentidos: desde los espectadores hacia el actor; desde el actor a los espectadores, un doble camino que, a veces, se confunde, otras, se pierde. El gesto al servicio de la palabra -íntima acompañante, caricia perpetua, engranaje perfecto, sinfonía-. Actores y actrices se mueven con discontinuos ritmos marcados por los límites -nunca estrechos, nunca claros- de la escena. Luces, objetos, cuerpos, sonidos crean un ambiente que la imaginación termina por acotar y definir.
El mensaje se expande por todos los rincones de la sala. Nítido, transparente. En otras ocasiones, difuso y sin rostro claro, sin destinatario aparente, sin señales definidas.