Es algo complejo resumir la novela de mi vida; creo que se trata del testimonio de un alma viajera por una vida que se manifiesta como un camino de renuncias, una especie de rompe-sueños. Siempre fue una búsqueda de sentido, y una lucha de adaptación ante los numerosos obstáculos y adversidades que se fueron presentando. Sin melodramatizar en exceso, de igual modo que mi generación ha sido la primera de la Era Moderna del ser humano en no vivir ni una guerra ni una postguerra (lo que es un privilegio), a su vez he debido afrontar adversidades extraordinarias. Ni más ni menos, ni mejor o peor que nadie. Ya expreso al final que lo que más agrada a Dios es que hagamos cosas por lo demás. Porque para uno mismo la insatisfacción siempre reinará, al no tener respuestas para todo. Al final de la maravillosa película Una pastelería en Tokyo, la protagonista japonesa dice en off que, más o menos, no hace falta ser algo o alguien en esta vida, el sentido de la misma comienza cuando encontramos al otro. Al final de toda la travesía, llegado este momento y a partir de él, intentaré ser lo más útil posible, empezando por mi familia. Doy gracias sinceras de poder decir esto, al menos de haber aprendido algo.