Tiene una cámara decente, quizás es un teléfono móvil o una reluciente DSLR, conoce los aspectos técnicos de la fotografía
y su sentido de la composición está bastante afi nado. Pero el problema es que a veces considera que no se le ocurren sufi cientes
ideas y le falta inspiración. Todos los grandes maestros de la fotografía han experimentado la misma sensación en algún momento de sus vidas. El motivo es que hacer buenas fotografías no solo depende de la cámara ni de los conocimientos técnicos. Existe otra vertiente, y su estudio es precisamente el objetivo de este libro.