Una familia de emigrantes llega del pueblo a finales de los años cincuenta para alojarse en Pradolongo, un poblado marginal de Madrid. Con el trabajo en la fábrica, la familia progresa y se va a vivir a Usera. Entre situaciones cotidianas que se dan en el barrio, un extraño suceso es investigado por la Policía. Dos alumnos que se conocían del colegio, de mayores, se encuentran trabajando para la misma entidad bancaria y entablan una verdadera amistad al descubrir que comparten las mismas aficiones. Dos jóvenes llegadas de tierras zamoranas, con la ilusión de encontrar un futuro más próspero, inician conversaciones en una cafetería del paseo de las Delicias sumergiéndose en una trama de corrupción y estafas. La novela de Joserra posee esos tintes negros, donde aparece un muerto y un crimen que investigar. No faltan los enredos y, sin rodeos, va directo al grano, tiene prisa por encontrar al asesino, al que va siguiendo el rastro y nos cuestiona si la víctima merecía o no el castigo.