Coinciden grandes pensadores al decir que la vida es soledad. Es normal que ésta se acentúe en los últimos tramos biográficos y vitales, cuando, libres de ataduras sociales, los hombres pasean esa soledad por parques, calles y plazas, mientras como espectadores ven la retrospectiva de una historia a cuyos protagonistas les cuesta reconocer.
Unas veces, entretenidos por aspectos livianos del escenario; otras, inquietos por problemas cuya solución nadie supo adelantarles.